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El catalá es cosa de dos Una hora a la semana para hablar en catalán. La llamada pareja lingüística se cita donde quiere, cuando quiere y habla de lo que quiere. El voluntario, una persona que utiliza habitualmente el catalán, y el aprendiz, que tiene conocimientos básicos y desea adquirir fluidez y seguridad, disponen de las 10 horas que prevé el programa Voluntaris per la llengua.
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No hay ni profesor ni alumno. Ni aula, ni gramática, ni diccionarios. "Las reglas del juego son estas. Los dos miembros de la pareja son voluntarios y pactan cómo desarrollar su relación. Personas que no se conocen se convierten en compañeros y establecen complicidades para adquirir hábitos y actitudes de uso sobre la lengua. Es enriquecedor para ambos", dice Paquita Sanvicén, directora de Planificació i Foment de la Secretaría de Política Lingüística de la Generalitat.
El perfil de las casi 30.000 personas que han participado en el programa, nacido en el 2002 en Cornellà de Llobregat, es, entre los voluntarios, el de una mujer (69%) de 44 años y nacida en Catalunya (91%). El de los aprendices es el de una mujer (78%) de 39 años y nacida en un país latinoamericano (40%).
Ante el éxito de esta actividad --4.496 parejas en el 2006--, reconocida en el 2006 por la Comisión Europea como una de las mejores prácticas de aprendizaje de una lengua, la Generalitat ha decidido darle un nuevo impulso. Un total de casi 900.000 euros anuales, una plantilla de 23 dinamizadores especializados, una base de datos para casar las idoneidades de los participantes y una web interactiva permitirán extender las parejas lingüísticas a todo el territorio. La aplicación informática Voluntaris per la llengua estará disponible en una fecha significativa: el 23 de abril, Diada de Sant Jordi. Con este nuevo servicio por internet se podrá hacer la inscripción en el programa. Un dinamizador propondrá una pareja a quien la solicite.
Esta nueva fase del programa estará impulsada y tutelada por la Secretaría de Política Lingüística y el Consorci per la Normalització Lingüística, pero iniciativas de estas características están condenadas al fracaso sin el concurso de la llamada sociedad civil. Así lo ve Miquel Pueyo, secretario de Política Lingüística: "El programa nació del nervio de la iniciativa cívica y la sociedad catalana debe reconocer la tarea de los voluntarios".
Los ejemplos
Antonia, de 62 años, lleva 40 viviendo en Santa Coloma de Gramenet, y escuchó a sus nietos cantando el "Cargol treu banya". "Ellos han nacido aquí, y quería ayudarles. Entendía bastante el catalán, pero hablarlo, ni soñarlo. Me daba apuro. Pero con Albert su pareja lingüística, fui cogiendo confianza. Me asombró ver que podía hablar en catalán, aunque sea un poco chapurreado". Por su parte, el voluntario Toni Soler (Minoria absoluta, Polònia) explica que participar en el proyecto "es una opción práctica de incidir individualmente y directamente" en la extensión del uso del catalán.
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